martes, 19 de mayo de 2009

El sentido de la vida en Víktor Frankl

Por: Damián Pachón soto.

Cuando Viktor Emil Frankl (1905-1997), un judío austriaco con una brillante carrera de psiquiatra por delante, decidió en 1941 no utilizar su visa para viajar a los Estados Unidos y a cambio acompañar a su familia en el sombrío porvenir que les esperaba en los campos de concentración, ignoraba que esa experiencia se convertiría en un heroico ejemplo para millones de personas en el mundo, entre ellos, miles de colombianos.

Desde su liberación en 1945, Frankl se convirtió en toda una autoridad a la hora de devolverles la esperanza a quienes habían pasado por las experiencias más duras y trágicas en sus vidas. Su libro autobiográfico El hombre en busca de sentido, que en 1946 se había publicado bajo el título de Un psicólogo en un campo de concentración, se convirtió en un best seller mundial. En 1986 se constató que se habían publicado 149 ediciones y que había sido traducido a más de veinte idiomas, incluidos el chino y el japonés. El propio autor sostuvo en 1992, que en Estados Unidos el libro había vendido más de 9 millones de ejemplares. A su vez, el texto fue declarado por la Library of Congress en Washington como “uno de los diez libros de mayor influencia en América”. No sobra decir también que Karl Jaspers, el famoso discípulo del filósofo Martín Heidegger, afirmó que El hombre en busca de sentido era: “Uno de los pocos grandes libros de la humanidad”. Con similar éxito contaron los más de 30 libros del autor, entre ellos, Ante el vacío existencial, El hombre doliente, La presencia ignorada de Dios, La voluntad de sentido.

Fue el internamiento en los campos de concentración el que le permitió a Víctor Frankl convertirse en ejemplo para los demás. Él mismo sobrevivió al holocausto donde había perdido a sus padres, su esposa y un hermano, un lugar donde la vida “descendía a un nivel animal”; sobrevivió a los duros inviernos y a los trabajos forzosos, que según sus propias palabras, convertían a los prisioneros en “cadáveres vivientes”. Soportó por años en Auschwitz y otros campos de concentración las tristes y nostálgicas navidades sin tener el más mínimo indicio de supervivencia de sus padres y su amada esposa Tilly Grossner. Frankl recuerda cómo en las navidades los demás prisioneros sucumbían ante la tristeza de no tener a sus familiares y amigos cerca. La nostalgia los mataba: “la tasa de mortandad semanal durante las Navidades de 1944 y el Año Nuevo de 1945 superó en mucho las estadísticas habituales del campo”. Fue esa capacidad de sobrellevar las adversidades la que lo hicieron famoso. Las personas decidieron prestarle atención a un hombre que había sobrevivido a una de las manifestaciones más bárbaras del siglo XX. Él encarnó la esperanza en medio de la desolación y la muerte y se convirtió en el símbolo que representaba millones de vidas rotas y destrozadas por la irracionalidad de Hitler. Su experiencia con el nazismo la convirtió en un canto a la vida y en prueba de que el hombre, por más que llegue al fondo de la tragedia, siempre puede esperar la luz al final del túnel.

En los campos de concentración Frankl encontró muchos de los elementos que le servirían para superar los infortunios y los golpes de la vida. No perder las esperanzas, encontrarle el sentido a la vida, tener un proyecto y unas metas, enfrentar con valentía y altivez el sufrimiento, en últimas, creer en la posibilidad de un futuro mejor, es lo que se requiere para sobrevivir aún en las condiciones materiales y espirituales más difíciles. En su libro, el psiquiatra austriaco cuenta que a él lo mantuvo vivo la esperanza y la determinación de continuar su obra. En los campos de concentración él reconstruyó un manuscrito que le habían destrozado las autoridades nazis. De ahí salió un libro que tituló Psicoanálisis y existencialismo. Ese libro le salvó la vida y le dio sentido a su existencia precisamente cuando se encontraba padeciendo un tifus, una enfermedad infecciosa que produce fiebre, delirios y alucinaciones y que mató a miles de judíos en los campos. Por el contrario, muchos de quienes perdieron la batalla contra la muerte en los campos de concentración, dice Frankl, ya habían decidido de antemano que “no esperaban nada de la vida”.

El nazismo le permitió a Frankl conocer al hombre: “el hombre es ese ser capaz de inventar las cámaras de gas de Auschwitz, pero también es el ser que ha entrado en esas mismas cámaras con la cabeza erguida y el padrenuestro o el Shemá Israel en los labios”. Ese conocimiento lo llevó a desarrollar la logototerapia, una terapia psicológica que busca sobrepasar el sufrimiento, superar las adversidades, descubrirle el sentido a la vida y así evitar el vacío existencial en el ser humano. La logoterapia cura con el sentido y el significado. También se llama “la teoría del optimismo trágico”, precisamente porque una tragedia puede aportar aspectos positivos para la existencia. En Austria, el lugar donde nació y murió Víctor Frankl, la logoterapia dio origen a la “Tercera Escuela Vienesa de Psicología”, institución que cuenta con sedes en Europa, Estados Unidos y en América Latina y que se encarga de aplicar y desarrollar la teoría de su fundador.

Es comprensible por qué la obra de Frankl ha sido tan bien recibida en Colombia. En un país que cuenta con más de tres millones de desplazados que han sido desarraigados de sus terruños y sus hogares, más de dos millones de desempleados, cientos de personas con sus manos o pies mutilados por las minas quiebrapatas, niños huérfanos por la violencia, reinsertados provenientes de los grupos armados, mujeres abandonadas con sus hijos y victimas de la violencia intrafamiliar, etc., es más que probable que las ilusiones, los sueños y los proyectos destrozados generen un estado de apatía, indiferencia y resignación o, en terminos de Frankl, “vacío existencial”, en millones de personas. La especial situación social del país, más los problemas habituales de muchas sociedades modernas (drogadicción, alcoholismo, prostitución) que se le suman, han abonado un suelo fértil para los libros de Víctor Frankl. En Colombia, informa Idaly Penagos, Gerente de la Editorial Herder que publica parte de la obra del austriaco, se han vendido desde 1982 más de 20000 ejemplares de El hombre en busca de sentido, “sin contar los demás libros y los ejemplares pirateados en Medellín, Cali y Bucaramanga”, agrega.

El Dr. Arturo Luna, ex discípulo directo de Víctor Frankl en Italia, y fundador del Instituto Colombiano de Logoterapia, afirma que en general esta terapia “no es muy conocida en Colombia”, lo que indica que existen muchas personas del común, que utilizan los libros de Frankl o los leen independientemente de tratamientos psicoterapéuticos, sencillamente porque les sirve de guía para sus vidas diarias y les ayuda a sobrellevar sus desventuras e infortunios. Resaltando que la logoterapia y la obra de Frankl no son libros de autoayuda. La logoterapia “sirve para tratar obsesiones, fobias, ciertos problemas sexuales, crisis existenciales, conflictos de valores contrapuestos, etc. Pero la logoterapia es diferente a la autoayuda, porque ante todo es un enfoque filosófico y técnico-científico. Frankl sostenía que toda intervención psicológica, debería empezar con una posición filosófica. Era ahí donde entraban a jugar un papel relevante aspectos como el del sentido de la vida, el fracaso, el sufrimiento, el dolor, el aburrimiento, el vacío existencial, el amor y la importancia de Dios. Esos aspectos se trataban no en abstracto, sino relacionándolos con la experiencia particular y concreta del paciente”, precisa el doctor Luna.

La obra de Frankl también ha sido bien recibida en Colombia por quienes trabajan con población vulnerable, en muchos de los casos, víctimas del conflicto. Miryam Luz Vargas, Psicóloga Social de la Defensoría del Pueblo y Especialista en Derechos Humanos, afirma: “Me gusta mucho Víctor Frankl. Escribe muy bien. Yo utilizo su obra en mi trabajo con los jóvenes reinsertados de la guerrilla. Es bueno mostrarles un ejemplo de vida, de sufrimiento, para que ellos reflexionen e interioricen que uno no se puede rendir, de que la vida vale la pena. Por lo regular son muchachos del campo, con sus padres muertos o con relaciones familiares conflictivas. Ellos necesitan mucha orientación, porque llegan a las ciudades y el cambio de ambiente es drástico. Se sienten en un mundo que no es el suyo”.

Y es que la obra de Frankl ha ido ganando espacios poco a poco. Según Arturo Luna, en América Latina se dictan seminarios, hay congresos, eventos sobre el tema. Hay institutos de logoterapia en México, Chile, Paraguay, Uruguay, Brasil y se está fundando uno en Venezuela. En la actualidad la obra del austriaco es mejor recibida en las facultades de psicología. Luna comenta que él dicta cursos sobre logoterapia en la Universidad Manuela Beltran y la Universidad del Área Andina. También se dicta una maestría en la Universidad Autónoma de Barcelona. Asimismo, Luna ha desarrollado trabajos en Colombia con el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF) en programas con mujeres cabeza de familia. Todo esto demuestra la buena recepción que ha tenido el pensamiento frankliano entre nosotros.

Su obra también ha influido en otros campos, donde no se aplican las técnicas de logoterapia, pero si los principios que la fundamentan. La psicóloga María Stella Rodríguez, profesora de la Universidad Javeriana, viene trabajando hace años la Resiliencia, un tema relativamente nuevo en Colombia. Ésta da “cuenta de la capacidad humana que permite a las personas, que a pesar de atravesar situaciones adversas, dolorosas o difíciles puedan salir de ellas no solamente a salvo, sino aún enriquecidas por la experiencia. Estudios recientes han demostrado que tanto en lo cotidiano, como en situaciones de extrema tensión, crisis o sufrimiento, las personas pueden generar sus propios recursos para adaptarse y emerger del conflicto con fortalezas insospechadas. Esta capacidad es lo que los teóricos denominan resiliencia”, Sostiene María Stella en su libro La resiliencia, otra forma de ver la adversidad. La resiliencia no es una técnica, ni una terapia, está más relacionada con procesos pedagógicos y busca a través de un “vinculo afectivo sanador”, despertar las aptitudes y las fortalezas de las personas. En el proceso interviene un tutor que simplemente debe generar en la persona una actitud diferente, por ejemplo, recuperar la confianza y reestablecer la seguridad en sí mismo. Utilizando este método la doctora María Stella ha trabajado durante varios años con niños desplazados por la violencia. En el proceso, los libros de Víctor Frankl con su filosofía de vida han sido decisivos. De ahí que su obra sea utilizada hoy en Colombia por psicólogos, trabajadores sociales, pedagogos, médicos generales, filósofos y humanistas en general. Sus libros son aplicados en campos muy diversos, pero en todo caso, apuntando a un mismo objetivo: ayudar a las personas a que superen sus desgracias y a que enfrenten la vida con valor y decisión.

Todas éstas son las enseñanzas y el legado de un hombre que padeció las adversidades de la vida en carne propia, una persona que aún en su estado más mísero tuvo la valentía de afirmar: “el talante con el que un hombre acepta su ineludible destino y todo el sufrimiento que le acompaña, la forma en que carga con su cruz, le ofrece una singular oportunidad- incluso bajo las circunstancias más adversas- para dotar a su vida de un sentido más profundo”.

1 comentario:

  1. Hola Damian, muy bueno el articulo. Veo que dominas la obra de Frankl...
    Me concentro en el parrafo:
    La resiliencia no es una técnica, ni una terapia, está más relacionada con procesos pedagógicos y busca a través de un “vinculo afectivo sanador”, despertar las aptitudes y las fortalezas de las personas.
    (...)
    Tienes informacion de donde obtener metodologias especificas que ilumina el proceso de enseñanza-aprendizaje entre grupos vulnerables?
    Gracias, exitos, y un abrazo

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